VIDA DEVOCIONAL
(Juan 15:5) por el pastor español Manuel Blanco Vergara
¿Qué
es un "devocional"? ¿Y una "vida devocional"? ¿Son acaso términos
sinónimos? En la mayoría de los casos, ambos términos son utilizados de
modo indiferente, como si significaran lo mismo, pero en realidad, no lo
son. Un devocional es un momento, un tiempo determinado en mi día, en el
que de un modo especial, me dedico a mi cuidado espiritual y comunión
con Dios, por medio de la adoración, alabanza y oración a Dios. El
segundo término es diferente, ya que habla, no de un momento determinado en el día, sino que habla
de una "vida", caracterizada por la devoción a Dios, por estar en "la
presencia de Jehová", por conducirse en la voluntad de Dios, tomando las
decisiones de nuestra vida según sus designios. ¿Hasta qué punto es necesaria o
beneficiosa la comunión con Dios? Creo que para cualquier ser humano,
que ha sido rescatado de las llamas del Infierno, esta pregunta, está
fuera de lugar, por la obviedad de la respuesta. ¿Hasta qué punto el
hombre necesita el aire para vivir? ¿Cuánto tiempo puede el hombre vivir
sin aire? Apenas unos segundos o pocos minutos. De similar forma, el
hombre espiritual, el hombre que ha sido salvado por Cristo, no puede
"optar" por la comunión con Dios, ya que es el "medio ambiente" en el
cual se desarrolla. Chafer dijo: "Pasar 30 segundos fuera de la comunión
con Dios es demasiado". El hombre natural no puede elegir entre vivir en
el aire o no, y el cristiano no puede elegir entre vivir en la comunión
con Dios o no. No hemos de limitar o definir "la
vida devocional" con leer la Palabra de Dios. Es reducir el término al
más completo raquitismo. Por supuesto que "implica" la lectura y estudio
reverente de la Palabra, pero "vida devocional" es estar en la presencia
del Señor, es tener una comunión y una relación íntima con el Salvador,
y eso no un momento en el día, sino una vida. Es una profunda y confiada
amistad. Todos nosotros tenemos amigos, y estos pueden ser mejores, o
peores, pero con todos tenemos algo en común, y es que la amistad no se
produce sola, no es el resultado del azar. Piensa en tus amigos y te
darás cuenta de algo, y es que con todos has tenido que "invertir
tiempo" para conocerle, escucharle, animarle, consolarle, ayudarle.
Amistad a veces es sinónimo de un profundo "gastarse" a sí mismo para
ayudar y conocer al otro, y claro, para eso hace falta una cosa:
¡tiempo! No se hacen amistades profundas en un minuto; de hecho, las
amistades más profundas son aquellas que perduran con el tiempo y a
través de las dificultades. Nadie que pretenda tener una íntima comunión
con el Señor podrá conseguirlo con cinco minutos de oración al día antes
de acostarse, o "leyendo la hojita", como dicen muchos, refiriéndose a
esos calendarios de taco con un mensaje bíblico. El Señor no desea cinco
minutos al día, lo quiere todo. Hasta ahora todas las personas que
conozco que espiritualmente no marchan muy boyantes, precisamente son
personas que descuidan sus tiempos con el Señor y su comunión con El.
Por el contrario, hombres espiritualmente fuertes y sólidos, suelen ser
cristianos curtidos en las batallas vividas en íntima comunión con Dios. Alguien que disfruta de plena
comunión con Dios, dice al levantarse: "Dios, Dios mío eres tú, de
madrugada te buscaré" Salmo 63:1; y al acostarse: "Tu guardarás en
completa paz aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha
confiado" Isaías 26:3; "En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque
sólo tú, oh Jehová, me haces vivir confiado" Salmo 4:8. En definitiva,
es alguien que estima en gran valía la amistad y comunión con Dios, de
modo que su primer y último pensamiento es siempre el mismo: Dios, Él es
el todo para el hombre de fe. ¡Cuántas veces he leído u orado de un
modo mecánico y no con ferviente amor, buscando lo principal: comunión y
amistad con Dios! Uno de los grandes enemigos del que desea prosperar en
la vida espiritual es la continua lucha contra la rutina, el orar o leer
casi por puro compromiso, por eso de que "el buen cristiano tiene que
comenzar el día leyendo su Biblia". Por el puro "cumplimiento", de modo
que al final "cumplo" y "miento". ¿Verdad que en una relación de amor
como el noviazgo o el matrimonio no podemos decir siempre las mismas
palabras o expresiones? La primera vez caen muy bien, luego se convierte
en pura mecánica que un loro podría repetirlo. El Señor no busca "loros"
redimidos, desea hombres que se postran ante su presencia para derramar
el alma ante su Hacedor. Todos aquellos que estuvieron ante la presencia
del Señor, quedaron postrados, piensa en Isaías en el capítulo 6.
¡Cuidado también en cómo pretendemos
presentarnos ante Dios! ¿Tengo que recordarte el desgraciado incidente
de Nadab y Abiú? Ellos cometieron dos errores:
· Presentarse de cualquier
manera. Se presentaron ante el Señor de un modo impropio, ebrios
(Levítico 10:1,9-10). Habían bebido, y por ello, se presentaron ante
Jehová de un modo inadecuado, sin discernimiento. No es bueno
presentarse de cualquier manera, pretendiendo orar por cronómetro los
cinco minutos de rigor, con prisas y sin discernimiento, perdiendo el
norte, y no siendo conscientes de que nos dirigimos y estamos ante la
presencia de Aquel que todo lo llena en todo. Nadab y Abiú se
presentaron de cualquier manera, y cometieron el segundo error.
· Ofrecer cualquier cosa
(Levítico 10:1). Fuego extraño. Todo fuego que no proceda del Altar del
Incienso Levítico 16:12, de la completa devoción y adoración a Dios, es
fuego extraño a Jehová. ¡Qué bendito pasaje el de Génesis
5:22! Enoc caminaba con Dios, recorrían el camino juntos. Es una bella
imagen de lo que es la vida devocional, siempre que pienso en este
pasaje me imagino la escena, Enoc, comenzando el día, entrando en la
presencia del Señor, y el Señor yendo a visitar a Enoc, y así cada día,
hasta que parece que el Señor mismo lamenta no tener continuamente a
Enoc consigo, y Enoc también, de modo que un día, caminando juntos, el
Señor le dice: "Oye Enoc, ya está bien de tanto arriba y abajo, hoy
mismo te vienes a casa conmigo y se acabó, caminaremos juntos
eternamente en el hogar celestial", y se lo llevó Dios... ¡Qué hermoso!
Esto sucedió porque Enoc era un hombre que "vivía" con y para Dios, como
leemos en Hechos 11:5 "tuvo testimonio de haber agradado a Dios". · Es cuando se camina con Dios,
cuando no se teme aunque ruja la tormenta, aunque parezca que no se ve
el final del túnel, la luz del final, ¿y sabes por qué? porque la
bendita comunión con Dios nos es suficiente para estar confiados en Su
Soberanía. En
la vida de devoción, yendo a su encuentro cada mañana, encontraremos
todo lo que necesitamos para nuestros quehaceres diarios, enfrentarnos
al "enemigo" de afuera, y a veces, ¡cómo no¡ las torpezas también de
"adentro"; para fortalecernos y confiar exclusivamente en Aquel que
derramó hasta la última gota de su inmaculada sangre para salvarnos del
"presente siglo malo". En nuestro caminar con Dios hallaremos el
consuelo, la enseñanza, la sabiduría, la reprensión y el amor que tan
imprescindible nos es para vivir victoriosamente en este mundo, y nos
ayudará a madurar para el otro. Según el grado de amor hacia el Salvador
que hayas demostrado en este mundo, según el deseo que hayas tenido de
conocer más íntimamente al Señor, según tu celo y diligencia por hacer
crecer la amistad con el Señor, según hayas derramado tu alma y corazón
en absoluta confianza ante la presencia del Salvador, así también será
tu comunión con Él en el Cielo; no olvides que hay diferentes grados de
gloria y recompensa. ¡Cómo lamentaremos el habernos dejado "despistar"
por los quehaceres, por muy legítimos que estos hayan sido!
¿Quieres experimentar el viejo poder
victorioso que hallaron los grandes hombres de fe que nos
precedieron?... ¡Practica la vieja vida de devoción de ellos! Proverbios
22:28; 23:10
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