¿CUÁNTO VALE SU ALMA?
Era breve, sin adornos, duro, insólito. Aparecía en la pantalla de Internet. No, no
podía ser una equivocación: “Vendo mi alma. Desde ahora y para siempre. Escucho
ofertas. La vendo a quien más ofrezca. Escucho ofertas”. Una subasta pública. La
decisión de negociar el alma por la eternidad a cambio de fama, placer o unos
cuantos pesos...
¿Una
broma macabra? Tal vez. Lo cierto es que junto con un correo electrónico al cual
escribir ofertando, aparecían las propuestas que habían llegado.
Esta es
una de las miles de propuestas que se publican diariamente en la red. Aparecen
anuncios inverosímiles que van desde el joven que subasta su virginidad, la
puesta en venta de las uñas de Ray N., condenado a muerte por el rapto y
violación de cinco jovencitas en 1979, pasando por el hombre que ofrece a su
esposa universitaria de 23 años para pasar la noche con el mejor postor a cambio
de dinero para pagar la hipoteca de su casa, hasta llegar al chico de 16 años
que se vende como esclavo para realizar oficios domésticos.
Anuncios
increíbles que desconciertan a los lectores. Muchos coinciden en poner en
subasta su alma, el sentido del humor, su libertad e incluso algo tan incierto
como el futuro.
Esclavos de los tiempos modernos
Hoy día
pareciera que no se valora el alma. Se juega con el mañana. Nada importa. La
vida se pone en peligro por mero placer.
En un
país suramericano todavía están frescos los recuerdos de la trágica muerte de
una ex reina de belleza. Ocurrió en una noche de fiesta entre amigos. Pasada la medianoche, cuando el alcohol hizo su efecto, alguien extrajo un revólver. A continuación hizo una propuesta inusual: apostar la vida. Lo que en
algunas naciones se conoce como la ruleta rusa. Sólo dejaron un proyectil en el
tambor del arma... Nadie dijo nada, nadie lo impidió. Un juego más, pensó alguno.
El
sonido sordo del “clic” se repitió una, y otra, y otra vez. El afortunado
respiraba tranquilo. No le había tocado pagar la apuesta. Y llegó el turno para
la joven. Accionó el gatillo...y se disparó la bala. El estallido retumbó en todo el
edificio de apartamentos. Cayó a un costado del sofá, con destrozos en el
rostro. El incidente fue tomado de la vida real.
¿Le
horroriza? A mí también...Pero sorpréndase: este hecho se repite a diario.
Ocurre con el hombre o la mujer que intoxican su organismo con alcohol, drogas,
cigarrillo o quizá cuando de manera irresponsable conduce su auto a altas
velocidades. Ocurre cuando sin precauciones cruzamos una avenida o tal vez
cuando se incurre en prácticas sexuales indiscriminadas e incontroladas,
producto del adulterio y la promiscuidad.
Y usted ¿Vende su alma?
Vamos
ahora con su vida. ¿Cómo es su existencia? ¿Vive únicamente para el placer, para conseguir solidez o tal vez reconocimiento y popularidad? ¿Siempre está en busca de nuevas emociones, sin importarle las consecuencias, y al final encuentra que su vacío es más grande que al principio? ¿Está cansado de padecer esa sensación de incertidumbre? ¿Ha pensado alguna vez quitarse la vida?. Tómese un instante para reflexionar. Posiblemente su vida no tiene sentido. Es probable que considere que no hay
salida para su laberinto.
Pero le tengo una buena noticia. Sí hay solución: es Jesucristo. Usted quizá me dirá: soy cristiano, pero no siento paz. Su caso puede tener origen en que progresivamente se está alejando de Dios. No se dio cuenta, pero hoy no quiere orar, ni leer su Biblia y menos congregarse en la iglesia. Puedo asegurarle que si vuelve su mirada al Señor y le busca de corazón, no importa qué tipo de crisis esté atravesando. Su vida será transformada.
¿Ya tomó la decisión más importante de su vida?
Posiblemente usted no ha tenido una experiencia personal con Jesucristo. Su existencia es un caos, se siente al borde del abismo. ¿ Ha pensado qué ocurriría si muriera hoy? ¿A dónde iría su alma por la eternidad? La Biblia es clara. Sólo hay dos lugares: el primero, la oscuridad eterna o infierno, y el segundo: podrá ir a la eternidad con Dios.
El señor Jesucristo dijo: “El que crea en el Hijo tiene la vida eterna; pero el que
rechaza al Hijo no sabrá lo que es la vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios” (Juan 3:36). ¿Qué hacer entonces? Invitar a Jesucristo para que more en su corazón. Es muy sencillo. Dígale ahora, frente al computador esta sencilla oración: “Señor Jesucristo, reconozco que he pecado y estoy alejado de ti. Anhelo que mi vida cambie. Te pido que entres a mi corazón, y me transformes en el ser que tú quieres que sea. Inscribe mi nombre en el libro de la vida”: Amén.
¡Felicitaciones! Ha dado el mejor paso de su existencia. Su vida desde hoy no será la misma.
(Autoría Ps. Fernando Alexis Jiménez / Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra”
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