|
LA BENDICIÓN FAMILIAR
Un acto sencillo que cambiará por completo el futuro de la familia.
La forma de comenzar
Para mí, la parte más difícil de cualquier trabajo es comenzarlo. Algunas veces las tareas que voy dejando para después son tan sencillas como cambiar una lámpara eléctrica. Puedo racionalizar, excusar y defender esta forma de comportamiento con comentarios como: “Se ve igual sin esa luz”, o, “¿Te das cuenta de lo que cuesta tener encendida esa cosa?”. O la mejor de todas “¿De qué sirve si se va a quemar de todas formas?” Finalmente, cuando hago el trabajo, no solo me encuentro con que necesité dos minutos para reemplazar la lámpara, sino también con que es bueno tenerla encendida.
Comenzar a bendecir a nuestros hijos es un poco parecido a reemplazar una lámpara. En realidad no es mucho trabajo a la hora de hacerlo; no se toma mucho tiempo, y los resultados son mejores de lo que creíamos. Pero no le puedo dar una fórmula sencilla que diga: “Haga estas cinco cosas, y se acabarán los problemas”. La realidad es que no hay una manera correcta o incorrecta de bendecir a nuestros hijos.
Una bendición, de la forma que sea, sigue siendo una bendición; algo bueno, poderoso y valioso. El único error que puede usted cometer es decidir que, por temor a hacer algo mal hecho, no va a hacer nada en absoluto.
Exploremos algunas de las preguntas más frecuentes en cuanto a comenzar:
1.- ¿Qué edad deben tener mis hijos para comenzar a darles la bendición familiar y que edad para dejar de dársela?
La respuesta es sencilla. ¿A que edad quiere usted que comiencen a recibir el beneficio de la bendición, y por cuanto tiempo quiere que continúe? No es importante que tengan quince años, o quince meses; ni siquiera si comprenden o no las palabras que usted está pronunciando. Mientras más espere para comenzar, menos oportunidades va a tener de impartirles la gracia de Dios por medio de la bendición familiar. Ellos necesitan el favor y el poder de Dios a lo largo de toda la vida. Entonces, ¿por qué dejar de darles la bendición familiar?
2.- ¿Es el momento de acostarse el único momento del día para bendecir a los hijos?
Por supuesto que no. Dios está despierto todo el tiempo, y siempre estará listo para bendecir. Puesto que en realidad Él bendice, cualquier momento es bueno. Sin embargo, la estructura y la constancia son importantes, sobre todo con los niños pequeños. Así que piense bien en su día y busque el mejor momento para su familia.
3.- ¿Se debe dar la bendición a diario?
Una vez más, no hay reglas fijas; no obstante es evidente que la bendición diaria le dará más oportunidades de bendecir a sus hijos.
4.- ¿Cómo sé lo que debo decir?
Al finalizar el libro hay una serie de bendiciones. Es posible que alguna de ellas sirva para sus necesidades. También puede buscar en una concordancia la palabra bendecir y ver todas las veces que aparece en la Biblia, Entre ellas hallará una serie de bendiciones, y aprenderá mucho también acerca de la forma en que se daban las bendiciones en los tiempos bíblicos. Por supuesto, siempre le queda la opción de crear su propia bendición, basada en las Escrituras.
5.- ¿Tiene que ser siempre la misma bendición todo el tiempo?
Claro que no. Usted puede variar la bendición de la forma como le parezca conveniente. Como la oración, puede ser espontánea.
6.- ¿Quién debe dar la bendición en la familia?
No hay respuesta única. Como cristianos estamos llamados a bendecir y ser de bendición. Tanto el esposo como padre, o la esposa como madre, pueden hacerlo. Depende de las circunstancias. En nuestro hogar hasta nuestros hijos se han dado la bendición uno al otro.
7.- ¿Reemplaza a la oración la bendición de los hijos?
De ninguna manera. Hay tres formas vitales de conversación con Dios que compartimos con nuestros hijos. Aunque las tres sean similares, sirven a propósitos muy distintos:
-
La oración por nuestros hijos: interceder por ellos como sacerdote del hogar, levantarlos a ellos y a sus necesidades hasta el trono de Dios
-
La oración con nuestros hijos: presentárselos a Dios, llevarlos a nuestra propia conversación con Dios, ser modelo para ellos de un sano esquema de comunicación constante con el Padre.
-
Bendecir a nuestros hijos: complementar y fortalecer las otras dos reflejando la bondad, el poder y el corazón paternal del Dios al que le hablamos cuando oramos por nuestros hijos y con ellos.
Este artículo ha sido tomado del libro La bendición familiar por Rolf Garborg
|