“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo: el Hijo del Hombre, que está en el cielo.” (Juan 3:13).
“Si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.” (Mateo 15:14).

Allí vivo yo

Un viajero que visita un país extranjero se entera de que el lugar al que quiere ir se halla al final de un camino de montaña particularmente peligroso.

Un guía le ofrece sus servicios. Antes de contratarlo, el viajero le pregunta:

- ¿Ya fue usted a esa aldea?

- No, -contesta el guía, pero ya fui hasta la mitad del camino y varios amigos me describieron el resto.

Nuestro amigo rehúsa su proposición e interroga a otro guía:

- ¿Conoce usted esa aldea a la que tengo que ir?

- No, pero la vi de lejos, desde la cima de la montaña.

Nuevo rechazo. Le hace la misma pregunta a un tercer guía, quien responde:

- Señor en esa aldea vivo yo.

Finalmente nuestro viajero puede confiar en ese guía.

Esta pequeña historia es inventada para hacernos reflexionar: ¿Quién puede mostrarnos el camino hacia Dios? La Biblia responde: sólo aquel que vino de Dios puede llevarnos a él. Nadie podía hablarnos convenientemente de las cosas divinas; están más allá del dominio humano.

Por eso Dios se reveló en la persona de Jesucristo. Dios nos habló por su Hijo. Jesús es el supremo guía; sólo en él podemos confiar.

Si usted ya tiene a Jesús como guía entonces descanse que con él esta muy seguro.

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